Las mamás educan, corrigen, alientan, advierten y concientizan; también se desesperan, estallan, tienen arranques y, sobre todo, chantajean y amenazan. Las ocasiones son varias y diversas, pero sus cantaletas siempre son las mismas. He aquí algunas de ellas:
FRENTE A LAS VISITAS
Para fomentar las habilidades sociales de los niños, mamá recurre a los consabidos: «saluda, m’ijito…», «¿cómo se dice?», «pórtate bien», «te comes todo lo que te den», «di gracias».
Pero, ya en corto, el pellizco furtivo viene con un «tú y tu bocota» o, si ya está a punto, con amenazas: «síguele y verás» o «lúcete».
EN LA MESA
La hora de la comida es un tema insoslayable en este artículo, con frases como: «¡no te levantas hasta que te lo acabes!», «¡te lo comes o te lo pongo de sombrero!» —una tía literalmente lo hacía—, «usa los cubiertos, comes como animalito» o «como peladito de la calle». No faltan amenazas: «te lo vas a comer; escoge: ¿con nalgada o sin nalgada?», chantajes: «hay niños pobres que no tienen qué comer», o frases hechas: «comes como pelón de hospicio» o «el que come y canta loco se levanta».
La hora de la comida es un tema insoslayable en este artículo, con frases como: «¡no te levantas hasta que te lo acabes!», «¡te lo comes o te lo pongo de sombrero!» —una tía literalmente lo hacía—, «usa los cubiertos, comes como animalito» o «como peladito de la calle». No faltan amenazas: «te lo vas a comer; escoge: ¿con nalgada o sin nalgada?», chantajes: «hay niños pobres que no tienen qué comer», o frases hechas: «comes como pelón de hospicio» o «el que come y canta loco se levanta».
CHANTAJE
El chantaje es inevitable en la relación maternofilial: «me van a matar de un coraje», «mira cómo me pongo por tu culpa», «con ustedes no se puede», o variantes peores: «claro, como estoy pintada», «como yo no cuento», «nadie me hace caso» o algunas más radicales: «ya se acordarán de mí», «me vas a extrañar», o el lapidario «guárdate esas lágrimas para cuando yo me muera».
El chantaje es inevitable en la relación maternofilial: «me van a matar de un coraje», «mira cómo me pongo por tu culpa», «con ustedes no se puede», o variantes peores: «claro, como estoy pintada», «como yo no cuento», «nadie me hace caso» o algunas más radicales: «ya se acordarán de mí», «me vas a extrañar», o el lapidario «guárdate esas lágrimas para cuando yo me muera».
SALIÉNDOSE DEL HUACAL
Los hijos crecen, se hacen adolescentes y, ante las salidas, la mamá arremete con la artillería más pesada de su repertorio: «¿a quién le pediste permiso?», «¿qué horas son éstas de llegar?», «¿que no se cansan nunca?», «andan de la Ceca a la Meca» o «andan como pulgas en pretina». Cuando llegas a deshoras: «¿dónde andabas?», «aquí no es hotel», «me tienen con el Jesús en la boca, bajé a toda la corte celestial», «qué, ¿te mandas solo?», o, si uno es más osado: «cuando regreses, vas a encontrar tus cositas allá afuera». Y ante la rebeldía, la respuesta es: «cuando te pagues tus cosas, podrás hacer lo que quieras» o «mientras vivas en esta casa…».
También cuando pones la música a todo volumen hay réplicas: «¿estás sordo o qué?», o con audífonos: «ustedes de grandes van a oír menos que yo», u «ojalá que como te aprendes las canciones te aprendieras las lecciones». Y cuando le preguntas quién llamó: «yo no soy tu recadera», y si le pides que le diga algo a alguien que te llama: «yo no digo mentiras» o «díselo tú».
Los hijos crecen, se hacen adolescentes y, ante las salidas, la mamá arremete con la artillería más pesada de su repertorio: «¿a quién le pediste permiso?», «¿qué horas son éstas de llegar?», «¿que no se cansan nunca?», «andan de la Ceca a la Meca» o «andan como pulgas en pretina». Cuando llegas a deshoras: «¿dónde andabas?», «aquí no es hotel», «me tienen con el Jesús en la boca, bajé a toda la corte celestial», «qué, ¿te mandas solo?», o, si uno es más osado: «cuando regreses, vas a encontrar tus cositas allá afuera». Y ante la rebeldía, la respuesta es: «cuando te pagues tus cosas, podrás hacer lo que quieras» o «mientras vivas en esta casa…».
También cuando pones la música a todo volumen hay réplicas: «¿estás sordo o qué?», o con audífonos: «ustedes de grandes van a oír menos que yo», u «ojalá que como te aprendes las canciones te aprendieras las lecciones». Y cuando le preguntas quién llamó: «yo no soy tu recadera», y si le pides que le diga algo a alguien que te llama: «yo no digo mentiras» o «díselo tú».
DINERO
Las frases del dinero son proverbiales y consabidas: «claro, como a ustedes no les cuesta», «me mato trabajando y ustedes desperdiciando», «no compro nada», «ves burro y se te ofrece viaje», «¿crees que soy banco?», «¿creen que barro el dinero?», «¿crees que el dinero sale de los árboles?».
Las frases del dinero son proverbiales y consabidas: «claro, como a ustedes no les cuesta», «me mato trabajando y ustedes desperdiciando», «no compro nada», «ves burro y se te ofrece viaje», «¿crees que soy banco?», «¿creen que barro el dinero?», «¿crees que el dinero sale de los árboles?».
CUANDO LA PACIENCIA SE ACABA
Ya desesperada, la mamá exclama: «¡de veras contigo!», o «con ustedes no se puede», o «tú no entiendes, ¿verdad?», o «no tienes llenadera», o «siempre es lo mismo contigo».
O estalla con cosas como: «¿en qué idioma te lo tengo que decir?», «¿hablo en chino?», «les entra por un oído y les sale por el otro». O, si ya de plano no puede, se tira a la yugular con cosas como: «¡eres igualito a tu padre!» o «tu hija va a ser peor que tú».
Ya desesperada, la mamá exclama: «¡de veras contigo!», o «con ustedes no se puede», o «tú no entiendes, ¿verdad?», o «no tienes llenadera», o «siempre es lo mismo contigo».
O estalla con cosas como: «¿en qué idioma te lo tengo que decir?», «¿hablo en chino?», «les entra por un oído y les sale por el otro». O, si ya de plano no puede, se tira a la yugular con cosas como: «¡eres igualito a tu padre!» o «tu hija va a ser peor que tú».
AGRADECIENDO
«¡Qué razón tenía mi mamá!», decimos muchas veces, y ella lo sabe; por eso afirma: «¿quién más que yo, que soy tu madre y te quiero tanto, va a saber qué es bueno para ti?», o «algún día me lo agradecerás», o «es por tu bien».
Así, las madres serán siempre las madres y sus frases persistirán hasta el fin de la historia. Por eso lo mejor es obedecerlas y ni tratar de quejarse —o reconciliarse— con ellas, porque, cuando tratas de hacerlo, te dicen: «mira, ya tus quejas cuéntaselas a tu psicoanalista», y dicho en sus propias palabras: «¡porque soy tu madre! y, aunque tengas 80 años, seguiré siendo tu madre».
--- Y con esto me acordé que mi mamá siempre ha querido ser como Lois de Malcolm el de enmedio, pero no puede tiene corazón de pollo. ---
Autor: Algarabía

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