Como me sucede siempre que me dan ganas de escribir, al tratar de hacerlo se me olvida del tema que iba a hablar.
Es cosa de unos años, precisamente desde que egresé de la universidad que se apagó un poco (un mucho) la Janet literaria que tanto me gustaba.
Aunque era antisocial no le disgustaba para nada quedarse horas y horas en su cuarto encerrada, leyendo al gún libro, viendo una película o escribiendo en su diario.
El diario no existe mas, yo misma me encargué de tirar a la basura los seis que llevaba. Seis años que pasé en la universidad y parte de la preparatoria. 6 años de cagadas reverendas, alegrias de puberta, estupideces de una borracha, pecados, alcohol, sexo y poco mas.
Seis años que me dediqué a destruir mi autoestima y dignidad pero que no me importaba, mientras tuviera un cigarrillo y una buena lectura esas cosas las pasaba por alto.
No mentiré, fué una estupidez mia deshacerme de todos esos diarios y libros de recortes. Pensaba que al tirarlos me iba a deshacer de todo mi negro pasado, de los errores mas garrafales que pude haber cometido, de las tonterias que me arrepentía y que no quería recordar. Craso error, me puedo deshacer de todo eso pero el alma nunca olvida y menos cuando dentro de todo ese lodazal había que rescatar muchos recuerdos preciosos de mi adolescencia.
Ahora, me siento una desmemoriada. Nunca he sido buena recordando cosas (por eso los diarios) y ahora menos, que se que iré olvidando poco a poco las experiencias vividas, las malas y las buenas y muy a mi pesar, aquellas que me hicieron ser lo que soy ahora.
Se quiere volver a escribir pero no es igual, la realidad golpea duro y es fácil identificar a un universitario llenos de sueños y proyectos de lo que será su vida futura, con un egresado incorporado al mercado laboral. De empleado (que otra cosa va a ser) viendo como todo lo que soñó se va poco a poco alejando mas de su camino.

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